Los autores norteamericanos quieren cobrar derechos de autor si sus textos son leídos por una voz sintetizada
Guillem Alsina (guillem@imatica.org) - El Kindle 2, la nueva versión del lector de e-books (libros electrónicos) de Amazon.com, incluye una funcionalidad que permite leer los textos escritos en voz alta de forma automatizada gracias a un sistema de reconocimiento del texto y su posterior sintetización por una voz generada por computadora. Es una ayuda que se introdujo pensando en público como las personas con discapacidades visuales, a las cuales debía facilitar la lectura, a aquellos usuarios que quieren escuchar sus textos mientras conducen, o a las personas enfermas. ¿Cuantos de nosotros no nos hemos encontrado un día con ganas de leer pero con la vista demasiado cansada para hacerlo después de un duro día de trabajo? Otra utilidad para la que el lector automático del Kindle 2 viene de perlas.
Sin embargo, esta funcionalidad no parece estar siendo bien recibida por las asociaciones de autores y editores de los Estados Unidos. El problema es que estas reciben beneficios de los llamados audiobooks, que no son otra cosa -y como la misma palabra expresa en inglés- que libros leídos, almacenados en formato de audio y que se pueden reproducir como tal. Con la funcionalidad de lectura en voz alta del Kindle 2 se puede leer un libro sin tener que pagar los derechos de un audiobook o, dicho de otro modo, se tienen dos funcionalidades habiendo pagado una sola, según argumentan desde estas asociaciones.
Por su parte, Amazon.com se defiende alegando que una vez pagados los derechos del libro, la lectura de este puede hacerse de cualquier forma; se lo podemos leer en voz alta a otra persona, declamarlo en público o leerlo en silencio para nosotros mismos. La cuestión para la librería en línea más conocida es que no se añade ninguna funcionalidad extra al libro en sí o se regala con la compra, sino que la funcionalidad se encuentra en el aparato y que sería idéntica a comprar un libro y que un amigo nos lo leyera mientras vamos conduciendo.
¿Un modelo caduco?
El tema de los derechos de copyright y la imposición de limitaciones en los medios de reproducción es ya todo un clásico de la nueva sociedad que se está levantando a marchas forzadas alrededor de Internet. La industria musical y cinematográfica ya han pasado por esto, y según apuntan muchos analistas, continúan sin saber adaptarse a los nuevos canales de distribución y venta, con la mayoría de grandes asociaciones de estos sectores ancladas en un pasado que les permite controlar la marcha del mercado y los beneficios que genera.
Pero si por una parte tenemos a una industria que se adapta de forma desigual, por otra tenemos también un problema con la piratería, aunque falta delimitar su escala. Porque ¿de verdad tendría tanto éxito la tienda online iTunes de Apple si todo el mundo se descargara música y películas a través de eMule y otros sistemas P2P? ¿Hasta qué punto puede controlar el autor o una editorial la forma en que leemos un libro o escuchamos una canción? ¿O bien en como nos es leído o reproducida?
Ante estas preguntas, lo principal que cabe es cuestionarse como ha cambiado el consumidor, sus inquietudes, y ver los nuevos medios y canales que hay disponibles y saber adaptarse. Y en caso que haya que cambiar modelos y destruir lo existente para reconstruir lo nuevo, deberá hacerse así antes que la propia naturaleza evolutiva de la masa de consumidores lo haga apoyándose en aquellas empresas que sí creen en el cambio.
Personalmente, entiendo que la posibilidad de leer un texto mediante una voz sintetizada es un paso adelante en la evolución tecnológica, y limitarlo es equivalente a que durante la revolución industrial hubiéramos hecho caso a aquellos que afirmaban que las máquinas de vapor era ingenios hechos por el diablo. Cierto que la revolución industrial tuvo su cara amarga (niños trabajadores, explotación, colonialismo,...) pero cierto es también que si queremos progresar socialmente y que este progreso sea compartido por todo el mundo, el progreso tecnológico es obligado. Y esto es extrapolable a cualquier invención del ser humano.
Sin embargo, esta funcionalidad no parece estar siendo bien recibida por las asociaciones de autores y editores de los Estados Unidos. El problema es que estas reciben beneficios de los llamados audiobooks, que no son otra cosa -y como la misma palabra expresa en inglés- que libros leídos, almacenados en formato de audio y que se pueden reproducir como tal. Con la funcionalidad de lectura en voz alta del Kindle 2 se puede leer un libro sin tener que pagar los derechos de un audiobook o, dicho de otro modo, se tienen dos funcionalidades habiendo pagado una sola, según argumentan desde estas asociaciones.
Por su parte, Amazon.com se defiende alegando que una vez pagados los derechos del libro, la lectura de este puede hacerse de cualquier forma; se lo podemos leer en voz alta a otra persona, declamarlo en público o leerlo en silencio para nosotros mismos. La cuestión para la librería en línea más conocida es que no se añade ninguna funcionalidad extra al libro en sí o se regala con la compra, sino que la funcionalidad se encuentra en el aparato y que sería idéntica a comprar un libro y que un amigo nos lo leyera mientras vamos conduciendo.
¿Un modelo caduco?
El tema de los derechos de copyright y la imposición de limitaciones en los medios de reproducción es ya todo un clásico de la nueva sociedad que se está levantando a marchas forzadas alrededor de Internet. La industria musical y cinematográfica ya han pasado por esto, y según apuntan muchos analistas, continúan sin saber adaptarse a los nuevos canales de distribución y venta, con la mayoría de grandes asociaciones de estos sectores ancladas en un pasado que les permite controlar la marcha del mercado y los beneficios que genera.
Pero si por una parte tenemos a una industria que se adapta de forma desigual, por otra tenemos también un problema con la piratería, aunque falta delimitar su escala. Porque ¿de verdad tendría tanto éxito la tienda online iTunes de Apple si todo el mundo se descargara música y películas a través de eMule y otros sistemas P2P? ¿Hasta qué punto puede controlar el autor o una editorial la forma en que leemos un libro o escuchamos una canción? ¿O bien en como nos es leído o reproducida?
Ante estas preguntas, lo principal que cabe es cuestionarse como ha cambiado el consumidor, sus inquietudes, y ver los nuevos medios y canales que hay disponibles y saber adaptarse. Y en caso que haya que cambiar modelos y destruir lo existente para reconstruir lo nuevo, deberá hacerse así antes que la propia naturaleza evolutiva de la masa de consumidores lo haga apoyándose en aquellas empresas que sí creen en el cambio.
Personalmente, entiendo que la posibilidad de leer un texto mediante una voz sintetizada es un paso adelante en la evolución tecnológica, y limitarlo es equivalente a que durante la revolución industrial hubiéramos hecho caso a aquellos que afirmaban que las máquinas de vapor era ingenios hechos por el diablo. Cierto que la revolución industrial tuvo su cara amarga (niños trabajadores, explotación, colonialismo,...) pero cierto es también que si queremos progresar socialmente y que este progreso sea compartido por todo el mundo, el progreso tecnológico es obligado. Y esto es extrapolable a cualquier invención del ser humano.
