Nueva maniobra de Microsoft para esquivar acusaciones de monopolio en Europa
Guillem Alsina (guillem@imatica.org) – La Comisión Europea debe decidir dentro de poco sobre los cargos presentados contra Microsoft en enero por prácticas monopolísticas al incluir su navegador web Internet Explorer junto al sistema operativo Windows. Es un tema recurrente desde hace años y, más concretamente, desde la época de la lucha entre Netscape y Microsoft por el control del mercado de los navegadores web, que se saldó con la victoria de esta última aunque con un precio muy elevado en un famoso juicio que enfrentó a ambos contendientes. El argumento es de sobra conocido: según la demandante (Netscape), Microsoft abusó de su posición dominante en el mercado al incluir un producto -el Internet Explorer- en otro -Windows-, cerrando de esta forma el paso a la competencia.
La idea es que, si el usuario ya cuenta con un navegador web en su sistema operativo, en la mayoría de los casos no sopesará la posibilidad de instalar otro, sea por pereza o desconocimiento. Así, y considerando que el sistema operativo y el navegador web son dos productos diferentes, según las argumentaciones de Netscape, Microsoft abusó de su posición de claro dominio en el mercado de los sistemas operativos (Windows disponía entonces y aún hoy de 9 de cada 10 computadoras desktop) para imponer el uso de otro producto, el Internet Explorer. Por parte de Microsoft, la explicación fue y es que el navegador web forma parte intrínseca del sistema operativo, y que es una funcionalidad más de este y que la compañía de Redmond tiene derecho a incluirlo como innovación tecnológica.
El caso más reciente contra Microsoft por presuntas prácticas monopolísticas en la Unión Europea y el que acabamos de explicar de Netscape son historias paralelas; a la multinacional norteamericana se la vuelve a acusar de prácticas comerciales desleales al incluir el navegador web en su sistema operativo. Esta vez la acusación viene de otro fabricante de navegadores web, la noruega Opera Soft y un conglomerado de empresas entre las que se cuenta IBM.
El caso es prácticamente paralelo en cuanto a argumentaciones, y aunque incluye también al cliente de correo electrónico Outlook y a la suite ofimática Office, el principal motivo es el navegador web Internet Explorer, su inclusión en Windows y la introducción en él de tecnologías que lo hacen parcialmente incompatible con los navegadores de la competencia y que bien conocen los programadores de sitios web, obligados muchas veces a hacer múltiples adaptaciones de sus creaciones para garantizar que puedan ser consultados con Internet Explorer u otros, e incluso con versiones diferentes del navegador de Microsoft.
Por su parte, la compañía de Steve Ballmer continúa defendiéndose con el argumento de la innovación y proporcionando algunos argumentos para suavizar una posible sanción o, directamente, poder salir absuelta demostrando buenas intenciones de cara al futuro. Una primera medida consistió en la inclusión de un icono en Windows que permitía desinstalar el navegador algo que, obviamente, no satisfizo las ansias de los demandantes ni de las autoridades europeas.
Ahora Microsoft anuncia lo que hace solo unos pocos años se hubiera considerado inconcebible: el lanzamiento de Windows 7 (que saldrá a la venta el próximo 22 de octubre) sin el Internet Explorer solamente en la Unión Europea. Su navegador web quedará como descarga opcional para aquellos usuarios que así lo deseen.
De hecho, y si la compañía de Redmond cumple con esta propuesta, para poder navegar por Internet el usuario deberá descargar un navegador desde Internet, sea el mismo Internet Explorer, Firefox, Opera o Google Chrome. Pero, sin navegador incluido en el sistema ¿como va a poder acceder el usuario a la página web correspondiente para realizar la descarga? Probablemente Microsoft incluirá en el escritorio de Windows un icono que permita a los usuarios la descarga directa del Internet Explorer, con lo que la ventaja de incluirlo en el sistema no dejará de existir, solo que mediante el paso intermedio de la descarga.
También podrán ser los fabricantes e integradores de computadoras quienes decidan si instalar o no el navegador en sus máquinas. Desde luego, raro será quien no lo incluya, a razón de exponerse a las críticas de sus clientes por ofrecerle un sistema incompleto.
Microsoft no ha emitido hasta la fecha una nota de prensa lo que hace pensar que esto también podría ser un farol, una maniobra para ablandar a los jueces europeos, o bien para justificarse ante una posible derrota judicial, argumentando a posteriori que ellos han presentado alternativas con las mejores intenciones, y que la Comisión Europea, con mala fe, ha hecho “oídos sordos” a sus propuestas bienintencionadas. En definitiva, para presentarse como la víctima inocente en todo este proceso.
Opera Soft, por su parte, se muestra escéptica con que la propuesta de Microsoft pueda restituir la justa competencia entre todos los contendientes en lo que ya se conoce como la segunda guerra de los navegadores.
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