Punto de inflexión para The Pirate Bay
Guillem Alsina (guillem@imatica.org) – Cuando he leído que los fundadores de The Pirate Bay estaban de acuerdo en vender la compañía a una empresa de publicidad, me ha venido a la cabeza una frase que mi padre emplea muy a menudo: las ratas abandonan el barco. Y no porque tenga un concepto muy malo de los fundadores de este conocido sitio web de intercambio de Torrents, o me parezca bien o mal lo que hacen (esta opinión me la reservo para mi), sino que en cuanto ha habido problemas, no han aguantado el tipo. Claro que con una multa de 2,7 millones de dólares pendiente de pago, yo en su lugar también me lo habría pensado... pero en ese caso no hubiera apelado a la resistencia a ultranza, sino que simplemente habría exclamado “¡quiero salvarme!”. Comprensible y humano; nadie de nosotros querría encontrarse en tal tesitura.
El monto de la oferta realizada por la compañía sueca Global Gaming Factory X AB superaría los 7 millones de dólares, suficiente para pagar la multa y que los creadores del sitio puedan seguir siendo considerados ricos. La compañía ha confirmado sus intenciones mediante una nota de prensa de la que se desprende que las negociaciones aún están en curso, ya que en ella se afirma que la operación podría cerrarse en agosto.
Este anuncio coincide en el tiempo con la noticia de que finalmente el juez que dictó la sentencia contraria a The Pirate Bay y sobre el cual pesaban serias dudas sobre su neutralidad, no será recusado por la corte de apelación sueca. Pese a reconocer su participación en diversas entidades que defienden los derechos de copyright y propiedad intelectual, la corte sueca opina que la actividad del juez Thomas Norstrom iba en defensa de los intereses de los consumidores, y ello no lo inhabilitaba para juzgar este caso.
Global Gaming Factory ya ha anunciado que aplicará un nuevo modelo de negocio a The Pirate Bay que permita abonar la parte correspondiente a los autores del material compartido. Esto nos lleva a mirarnos en el espejo del caso Napster, que en su resurrección como servicio de pago (como deberá ser The Pirate Bay si quiere generar el tipo de negocio que la compañía compradora busca) no ha conseguido ni una fracción del éxito que tenía anteriormente.
Desde estas líneas me atrevo a vaticinar el ocaso de The Pirate Bay. Los usuarios aún confiarán en él mientras sea gratuito y esté en las manos de sus creadores originales, pero sin lugar a dudas el grueso de ellos que sepan del futuro del portal de intercambio y compartición de ficheros Torrent, ya le estarán buscando un substituto. Y también va a empezar una pelea entre los diferentes servicios herederos para hacerse con el trono que dejará vacante este popular sitio web, a la vez que las discográficas van a tener que empezar una nueva guerra contra los principales de entre estos aspirantes.
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