Microsoft muestra por fin sus armas con Windows 8
Guillem Alsina (guillem@imatica.org) – El futuro sucesor de Windows 7 va a significar el cambio más importante en la plataforma informática de Microsoft, incluso tal vez más del que llevó a Windows 95 a ser un sistema operativo más que un entorno gráfico de usuario que se ejecutaba sobre MS-DOS, o el salto definitivo hacia los 32 bits que significó Windows XP.
Windows 8 -que, por el momento, parece ser su nombre en código interno a falta de un nombre comercial definitivo- tiene que enfrentarse a un panorama en el hardware sustancialmente diferente al que se encontró en el momento de su salida Windows 7: en aquel momento se trataba de construir un producto que pudiera substituir al XP en los netbooks y triunfar allí donde Vista había fracasado. También el paradigma de uso de las computadoras ha variado: si antaño se le pedía la máxima potencia a una máquina, ahora se le solicita portabilidad y gran autonomía de batería. El éxito de smartphones y netbooks, y el surgimiento de la nueva clase de tablets ligeros al calor del iPad ha asentado en el imaginario colectivo de los usuarios las interfaces táctiles en base a botones y elementos fácilmente gestionables con los dedos, y las aplicaciones ligeras que buscan satisfacer un cometido muy determinado, tipo widget.
Es en este contexto de cambios (de evolución, en definitiva) en el que debemos entender la transformación que Windows va a sufrir con esta nueva versión.
La interfaz gráfica bebe indudablemente de las fuentes de Windows Phone 7, se inspira en su interfaz multitáctil clara y simple para proporcionar una experiencia de usuario extrapolable a toda clase de dispositivos, desde los más pequeños con solamente una pantalla táctil y sin teclado, hasta computadoras de sobremesa y portátiles de gran potencia sin pantalla táctil y que disponen de teclado y ratón, pasando incluso por televisores.
No obstante, y al menos por el momento, Windows 8 también incluye la interfaz que conocemos “de toda la vida” (por lo menos desde Windows 95), el escritorio tradicional y el navegador web Internet Explorer (probablemente en su versión 10) como nos tiene acostumbrados y con los que se podrá trabajar también.

Para los desarrolladores, Windows 8 prevé un modelo de creación de aplicaciones que va desde las más simples apps escritas en HTML 5 y JavaScript, y que permiten cubrir aspectos puntuales de una necesidad concreta al estilo de las apps para smartphones, hasta las habituales aplicaciones nativas de cualquier plataforma de sobremesa que aprovechan todo el rendimiento y potencial de las API's y las librerías del sistema.
Soporte de hardware multiplataforma, pero... ¿y el software?
Hasta la fecha, Windows era sinónimo solamente de arquitectura x86*, pero a partir de esta nueva versión 8 va a dejar de serlo. Con este sistema, Microsoft ya ha presentado candidatura para equipar a modernos tablets ligeros, puesto que a una interfaz simple y preparada para su uso con las yemas de los dedos se añade su compatiblidad a nivel binario con la arquitectura ARM, en la cual se basan las CPU's de fabricantes como nVIDIA, Qualcomm o Texas Instruments que equipan a nuestros smartphones y tablets.
Esto presenta un problema en el lado del software: las aplicaciones compiladas para la plataforma x86 no pueden ejecutarse directamente sobre un procesador ARM y viceversa aunque ambos dispositivos funcionen bajo Windows (recordemos que aunque parezcan iguales, por dentro son sistemas diferentes), si no es que han sido migradas o existe un software de interpretación universal que “traduzca” el código binario del programa al código máquina de la plataforma sobre la que se está ejecutando en caso que difieran.
No debería ser imposible implementar una solución de este tipo; Apple lo ha hecho dos veces: una cuando migró de los Motorola 68xxx a PowerPC, y la segunda cuando hizo lo mismo desde esta última a los chips x86 de Intel. Falta saber si Microsoft desarrollará una solución de este tipo o si va a cortar definitivamente con la herencia de compatibilidad que hasta ahora se ha ido manteniendo en gran medida entre versiones de Windows, aunque como es lógico ha ido habiendo ciertos cortes generacionales.
De “cortar por lo sano”, la compañía de Redmond podría rediseñar internamente todo el sistema, hacerlo más ligero, más rápido, estable y seguro, corregir en definitiva todos los fallos que la “vox populi” atribuye a la plataforma. Incluso el malware existente podría verse frenado por un nuevo diseño que ofrecería una API totalmente distinta.
No obstante, un Windows totalmente nuevo y diferenciado que rompa con lo existente también provocaría problemas a Microsoft precisamente por romper con una larga herencia que a muchos usuarios les interesa mantener. ¿Y qué no decir de las empresas preocupadas con las aplicaciones legacy?
No se ha dado una fecha concreta de presentación en sociedad de Windows 8 o de su salida al mercado, aunque gracias a un pequeño desliz cometido por Steve Ballmer en persona, se supone que este verá la luz en algún momento del año que viene. La próxima parada en el camino se hará a mediados de septiembre en el evento BUILD en el que, tal vez, se den a conocer más detalles técnicos, especialmente sobre la ejecución (o no ejecución) de código legacy.
* Sin contar la disponibilidad del antiguo Windows NT para los procesadores Alpha, toda una rareza que en el mejor de los casos no salió de los centros de proceso de datos y las oficinas profesionales.
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